Perú, jueves 14 de abril de 2005

 

Traición a la identidad
La verdad es que Alianza es un fracaso porque traicionó sus propios principios, sus ideales. Frustró todo un proceso de cambio para apostar por un absurdo que fue contratar a jugadores viejos, acabados, sin fútbol... y a un entrenador que nunca se preocupó por conocer la idiosincrasia del club al que llegaba.
El hincha aliancista tiene razón al pensar que el técnico Ruben Insua debe estar loco. No hay otra explicación a sus manejos de cambios y ensayos inadecuados en los partidos. ¿Cómo puede sacar a Olcese en el partido contra Banfield cuando era el mejor jugador del campo? Nadie lo entiende. Lo cierto es que Alianza volvió a fracasar en la Copa Libertadores y a demostrar una ineptitud institucional para proyectarse en torneos internacionales.
Ahora, la pregunta es, ¿a quién deben botar para enmendar el rumbo? Lo sensato sería que toda la Comisión de Fútbol, encabezada por el Luis Pizarro, se aparte o la destituyan por haber decidido y avalado la contratación de jugadores caros e inservibles. ¿"Cuchi" De Souza? También se equivocó, pero si se va él, ¿quién se queda?
La llegada de Insua a Alianza fue descabellada porque nadie del entorno dirigencial se preocupó por estudiar su perfil y manejo de grupo y se centraron en su impresionate currículum. A lo lejos se nota que el DT argentino es elitista e intelectual, digamos que está para dirigir a equipos de otro estatus como Cristal o Universitario y no a jugadores que necesitan, aparte de manejo grupal, estímulo personal.
Ahora el tema futbolístico tiene que ver con la llegada de jugadores que nunca aportaron al equipo. Los argentinos Barros Schelotto, Furios y Astudillo jamás mostraron ser mejores que Viza, "Waly Sánchez, González Vigil, Noriega y Cruzado. ¿Y Mackenzie? Arribó mal parado por haber sido contratado por la directiva. Además, los jales nacionales (llámense Carty, Fano y Ubillús) tampoco fueron solución para amalgamar un grupo ganador. Alianza desde el inicio de la era Insua nunca jugó a nada, jamás encontró una línea de juego que transmita confianza a su hinchada que explotó la noche del martes de manera irracional y absurda contra los futbolistas sin medir las consecuencias de sus hechos.
Sin cambios, el futuro blanquiazul es incierto, pero para que las enmiendas tengan coherencia deberían primero irse los dirigentes, luego el entrenador y después los jugadores, donde se incluyen a algunos consagrados o llamados caudillos del club... Los parches no conducen a nada.